De estar desinformado nadie se ha muerto

El dilema periodístico entre lo que es socialmente relevante y lo que resulta económicamente viable me recuerda el eterno dilema de los músicos profesionales: tocar reguetón en estadios de diez mil personas y hacer del oficio algo rentable, o quedarse con el ideal romántico de la música como arte culto y sensibilizador, esperando cambiarle el mundo a 20 personas que pagaron 3500 pesos por la boleta. ¿Hasta que punto es una cuestión de principios y desde dónde es un acto de estupidez?

Cualquier ejercicio profesional representa una doble vía entre la producción de un servicio y la obtención de un beneficio monetario a cambio. Un ingeniero civil construye un puente colgante que agilice el tráfico y acorte distancias a cambio de que le paguen por aplicar sus conocimientos de mecánica y cálculo de estructuras; el portero de un edificio garantiza la seguridad de los residentes a cambio de que le remuneren el riesgo que corre al exponerse para proteger a otros, y el ortopedista arregla huesos rotos a cambio de que le devuelvan algo de la cantidad de plata que invirtió en semejante carrera tan cara.

Hasta ahí, el periodismo es claramente una actividad que debe ser compensada monetariamente, pero a diferencia de los médicos, los porteros o los ingenieros civiles, los periodistas no representan una necesidad básica para la sociedad y nadie se va a morir por no saber cómo se equivocaron los senadores del Centro Democrático votando en el congreso. Al igual que la música, representa un valor agregado en la vida de las personas y resulta enteramente prescindible.

El periodismo altruista que existe solamente para informar y prestar un servicio social no puede ser autosostenible, los lectores no van a tener entre sus prioridades económicas pagar por la información y se hace imperativo buscar formas de rentabilizar los medios. Este tipo de medidas no tienen nada de reprochable si su ideología no resulta comprometida, en L’Monde Diplomatique, pauta Apple, IBM y Samsung, y aunque va en contraposición con su visión crítica de la globalización, no compromete su contenido.

No hay nada de malo en ceder ante lo económicamente viable siempre y cuando no se sacrifique lo socialmente relevante. El Tiempo puede hastiar al lector con la gira de Juanes e impulsar un proyecto en el que ha invertido siempre y al mismo tiempo publicar el discurso de Obama en la Asamblea General de la Onu. Yo por ejemplo, no tendría ningún problema en tocar reguetón en un estadio de diez mil personas siempre y cuando fuera un buen reguetón, que entre otras cosas, sí existe.

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8 thoughts on “De estar desinformado nadie se ha muerto

  1. capdeviola

    Cuánta razón tiene este artículo! Yo soy músico y me encuentro muchas veces en esta situación, o en la que es pero aún: ven a tocar a mi orquesta gratis, pero te voy a promocionar!! Me he visto muy reflejada en vuestro artículo, siempre es positivo que alguien de otra profesión lo vea igual…Felicidades!

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  2. Jimena

    Muy buena entrada, Laura.

    Lo primero: me uno a Gabriel, a ver el buen reguetón…

    Y lo otro: disiento porque creo que el periodismo sí es una necesidad básica. Puede que no de supervivencia, pero sí básica para ser ciudadano, o ni siquiera desde la dimensión política de la ciudadanía, pero simplemente para operar socialmente.

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    1. lauragalindom Post author

      Lo primero: voy a montar un entrada con eso.
      Y lo otro: tienes razón. Pensé solo en las necesidades de supervivencia y dejé de lado las de convivencia, el periodismo es indispensable dentro de cualquier organización social y de estar desorganizados socialmente se han muerto muchas civilizaciones. Lástima que con la música no pase lo mismo, me mantengo que se puede vivir perfectamente sin música.

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      1. Jimena

        Será? yo no creo que se pueda! las expresiones culturales también son básicas en esa dimensión social de convivencia como dices, me parece…

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  3. lauragalindom Post author

    Pero no son exclusivas. Es decir, las expresiones culturales y las artes son necesarias para sensibilizar, conmover y hasta recrear una sociedad, pero es una labor conjunta. Lo que logra la música dentro de la dimensión social de convivencia también se logra desde la danza, la poesía, la pintura, en fin. Ninguna de las manifestaciones artísticas tiene un fin individual, tienen un fin conjunto entre todas. Y es ahí donde llega mi queja, ¿qué hace que la música sea indispensable, que su función social sea única y que no pueda suplirse con nada más? Me conviene que sí exista algo, pero todavía lo estoy buscando.

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    1. gcorredor

      No entiendo, ¿por qué tiene que haber un argumento que pruebe que la música es indispensable, que su función social es única y que no puede suplirse con nada más?

      Con esa ansiedad de universalismo ya pareces racionalista del siglo XIX. O teóloga medieval (no son muy diferentes).

      Ahora, la verdad es que si uno le pregunta a un neuroscientífico, a un científico social o a un biólogo evolucionista, todos coincidirán de una forma u otra en que las diversas manifestaciones de la música son tan ‘naturales’ e inseparables de los humanos como el lenguaje. De hecho, la música es una forma de lenguaje y un vehículo para socializar, jerarquizar, compartir conocimiento, heredar valores, cosmogonías, etc.

      La música además produce reacciones neurológicas tremendamente complejas y primitivas, mucho más primitivas que las de la pintura o la poesía (aunque también es cierto que la poesía y la música van de la mano, y más aún la música y la danza).

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      1. lauragalindom Post author

        Yo no necesito un argumento racional ni universal que me pruebe que necesito la música para vivir. Para mi siempre ha estado absolutamente claro. No es por ese lado la discusión.

        Estoy hablando de fines prácticos, materiales y rentables, porque en principio ese era el objetivo de la reflexión, intentar responderse si podía lograrse un periodismo rentable y de calidad dada las características de la audiencia. A la audiencia de la música le pasa lo mismo que a la del periodismo y a partir de esa idea nace mi pregunta. ¿Qué hace que esa gente, la misma que prefiere leer noticias de Kim Kardashian a informarse sobre el foro de cooperación económia en China piense que los scherzos de Chopin son indispensable y quiera pagar por escucharlos?

        Una vez más, quien no escucha scherzos de Chopin, no se muere, ni desperdicia su vida, ni nada de esas cosas. Si lo hace, adquiere una cantidad incontable de valores agregados, pero dejar de hacerlo no lo va afectar.

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