Un buen reguetón

En la reflexión de relevancia y sostenibilidad de los medios mencioné “un buen reguetón”. Jimena y Gabriel quisieron saber de qué hablaba y para ser más clara, – también con la esperanza de que me cuente dentro de las ocho entradas de la clase- armé este post.

Imaginen por un momento ese odioso juego del espejo. Yo digo algo y otra persona lo repite justo después de mi. Yo digo otra cosa y esa persona la vuelve a repetir. Yo me desespero y sigo hablando y la persona va repitiendo mis palabras una y otra vez. Yo no dejo de hablar a ver si se calla y ella sigue, sonamos al mismo tiempo, una detrás de la otra, sin parar. A veces ella no alcanza a escuchar exactamente qué digo, así que se inventa frases hasta que logra recuperar el hilo de mi soliloquio. Ese es el principio del contrapunto barroco, una técnica de composición que determinó la lógica musical entre los siglos XVII y XVIII.

Ahora bien, el soliloquio de mi ejemplo funciona igual que un ensayo, tiene una idea central, unas ideas secundarias, un desarrollo y unas conclusiones. Puedo mencionar la idea central varias veces, incluirla dentro de algún argumento o reafirmarla antes de concluir. Y quien juega conmigo al espejo, hará exactamente lo mismo, repetirá mi idea central, mis ideas secundarias, si se pierde inventará desarrollos y finalmente exagerará su atención para poder remedar perfectamente mis conclusiones.

Para quienes hace rato no entienden una sola palabra de lo que digo, va el siguiente ejemplo. Esta es la idea central de la Invención No 8 de Bach:

Y este es el juego del espejo:

Como resulta evidente, hacer música con dos voces que hablan solas como desquiciadas no es para nada fácil, lograr que dentro de su independencia haya armonía y no se escuche un ruido espantoso de notas sonando al tiempo es el resultado de años de estudio teórico y práctico en la música. Lo hizo Bach, lo hizo Beethoven, lo hizo Shostakovich, lo hizo Hindemith y lo hizo el reguetonero Vico C.

La canción se llama “Lo grande que es perdonar” y la canta a dúo con Gilberto Santa Rosa, un trompetista profesional, con más de cincuenta años de carrera musical que se ha vuelto emblema de la salsa en el mundo.

Vamos por partes, la canción comienza con el juego del espejo – que no se llama así, pero aquí lo vamos a seguir llamado así -, en las cuerdas del principio suena la idea central e inmediatamente otras cuerdas más agudas lo repiten.

Fuera de su letra libre de obscenidades y de la voz de Santarosa, la canción funciona igual que todas canciones del mundo. Estrofa, puente, coro, estrofa 2, puente, coro. Igual que Beyoncé, igual que The Rolling Stones, igual que Areta Frankling, igual que las arias italianas de Giaccomo Puccini. Lo interesante pasa exactamente 50 segundos antes de terminar. Vico C canta la idea central, la de las cuerdas del principio pero con letra. Vuelve a aparecer el juego del espejo, Santarosa lo remeda, se inventa de desarrollos, imita la idea del comienzo y el juego sigue hasta que se cansan y terminan exactamente igual, es decir, llegan a las mismas conclusiones. Es un contrapunto invertido perfecto.

Resulta ridículo insistir en que el reguetón es malo, ningún género musical es malo por sí mismo, los malos son los reguetoneros. Igual que los poetas y no la poesía, los cronistas y no la crónica, los cuentistas y no los cuentos. A mi me gusta el reguetón. Soy pianista, magíster en piano, estudio música desde los 7 años y sí, me gusta el reguetón. Pero no cualquiera, el bueno, que como espero haber demostrado, sí existe.

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4 thoughts on “Un buen reguetón

  1. gcorredor

    Impresionante explicación, Laura, escribe más de música. Y de música popular, como el reguetón. Muestra que lo que uno cree simple tiene complejidad…

    (Tengo dudas, ¿Vico C sabe componer así, o es obra de Santa Rosa y el productor?)

    Ahora bien, yo no creo que complejidad en la composición o utilizar el contrapunto haga per se bueno a un tema. Si supiera de música como para criticar bien, siempre dejaría supeditada la estructura y complejidad de la composición al efecto expresivo que genera, y no al revés. Si no, simplemente es un ejercicio intelectual. Quiero decir: esa canción me puede aburrir aunque sea una buena composición y hasta tener una buena letra.

    De cualquier manera, yo personalmente prefiero la champeta y la salsa choke frente al reguetón… incluso frente al que tiene contrapunto.

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    1. lauragalindom Post author

      Claro Gabriel. Ese es el punto. La música es subjetiva y no es buena ni mala, uno es sensible a ella o no. Yo por ejemplo, soy sensible a la música conceptualmente bien hecha y técnicamente bien ejecutada, pero no por eso mi subjetividad es más o menos acertada que la de los demás. Si se es sensible a dos acordes predecibles y simples, también está bien. “Al que le gusta le sabe”, dicen los paisas.

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  2. Jimena

    Siempre llego tarde y Gabriel lee primero.
    De acuerdo, qué buena entrada, buen ejemplo, buena argumentación.
    Y bueno, si toca escoger, prefiero la salsa choke también.
    Para cuándo un análisis similar de otros géneros populares? : )

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