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El cuarto poder (público) de la democracia: una última y no tan desesperada tabla de salvación para el periodismo en tiempos de cambio tecnológico (II)

Parte II

(i) Si buscamos “Tíbet” en el canal estatal chino, “cualquiera pensaría que se trata de una plácida y próspera región del mundo, sin controversia alguna”, dicen en el reportaje de El efecto Naím. Vale. Ahora intentemos buscar las noticias sobre el sindicato de actores en cualquiera de los noticieros de los canales de televisión privados colombianos: “cualquiera pensaría que nuestros canales son excelentes empleadores, cumplidores de la ley laboral, empresas socialmente responsables…, y de paso mejores e imparciales informadores”.

(ii) En la nota de El efecto Naím muestran la censura de RT, el canal público ruso, encarnada en la declaración de una periodista que admite que ellos no hablan de los abusos de Vladimir Putin. En  Colombia, por nuestra parte, Alberto Donadio, uno de los fundadores de la célebre unidad investigativa de El Tiempo, cuenta que empezó a hacer periodismo en los libros para escapar a la censura de El Tiempo.

(iii) Dice Anne Nelson, experta de Columbia University, entrevistada en El efecto Naím: “CCTV y Al Jazeera tienen información bastante buena, pero siempre y cuando no se refiera a los gobiernos que financian los canales”. Por otro lado, en el Documental de la cadena Tele 5, “Hotel Palestina”, los periodistas españoles que cubrían la invasión estadounidense denuncian cómo el periodismo patriótico de los canales privados estadounidenses —que se autocensurarían para no perjudicar a su gobierno— explica que las tropas gringas atacaran a los periodistas no-gringos, que no harían ese periodismo patriótico sino que cubrirían con independencia.

Creo que hay buenas razones para pensar en la financiación pública a largo plazo como una manera de salvar la sostenibilidad y de paso la calidad del periodismo en esta época de cambio tecnológico: primero, porque el buen periodismo, ya sabemos, es costoso y los presupuestos públicos aunque son limitados pueden financiarlo si hay un “acuerdo de la sociedad” y, segundo, porque en una democracia el Estado provee los bienes y servicios que los ciudadanos necesitan (derechos) y aún más si el mercado no los ofrece en condiciones óptimas, como sería ahora el caso de la “información veraz e imparcial” (artículo 20 de la Constitución Política).

En cuanto al riesgo de la falta de independencia de este periodismo estatal o semiestatal o subsidiado por el Estado, creo que el camino será dejar de pensarlo como una industria para pasar a concebirlo como un poder de la democracia, contrapeso de los demás, independiente de ellos, como están pensados el poder judicial o, mejor, el Banco de la República, que es un “órgano constitucional independiente” y funciona mejor que casi cualquier otra entidad pública o privada en Colombia (lo que querría decir que sí se puede).

La información veraz e imparcial es un bien público que ya no es rentable, que tal vez nunca lo ha sido del todo porque los “sacrificios” periodísticos para hallar puntos de equilibrio en el negocio de la prensa (otra vuelta más al caso de El Tiempo y la posición de Renata Cabrales), creo, lo desvirtúan. Como sucede con la educación o con la cultura, el periodismo financiado por el Estado puede ser independiente: nadie discute seriamente las bondades de la educación pública y la universidad pública: la Nacional, aunque pública, es independiente e incluso contestataria frente al gobierno. El modelo de periodismo pública contrarrestaría la tentación de los privados de lucrarse a costa de la calidad, como lo hacen las universidades privadas de garaje o las EPS con los derechos a la educación y a la salud, o los canales (privados) de televisión y los periódicos que sacrifican calidad por rentabilidad.

Las estrategias que se me ocurren para poner en marcha una política pública como la que sugiero, serían: (i) fortalecer los medios de comunicación estatales (Señal Institucional, por ejemplo) y crear otros, sobre todo periódicos; (ii) blindarlos en la Constitución a la manera del Banco de la República, para proteger su independencia y asegurar su naturaleza “técnica”; e (iii) impulsar algo así como la Ley del periódico (como la del Cine): bajar los impuestos a quienes creen periódicos, dar estímulos, becas, “capitales semilla”, créditos blandos… para los “periodistas emprendedores”.

¿Ustedes qué piensan?

El cuarto poder (público) de la democracia: una última y no tan desesperada tabla de salvación para el periodismo en tiempos de cambio tecnológico (I)  

Parte I

La crisis del periodismo en esta era de cambio tecnológico es menos de calidad que de sostenibilidad. De hecho, decir sostenibilidad ya parece sintomático de un problema: la idea de que el periodismo puede no funcionar como negocio —como sucede con la cultura o la educación— porque si no no se puede hacer o porque, sí, es muy importante y las sociedades lo necesitan pero no tanto como para que alguien deba pagar por él: Jimena dice, por ejemplo, que La Silla Vacía nunca cobrará por sus contenidos, que eso sería una traición; mejor dicho, nos basta con que el periodismo sea sostenible, no necesariamente rentable. Pero lo cierto es que cosas buenas se hacen ya, así no dejen dinero (otra vez: La Silla Vacía) ni sea tan claro que perdurarán, pero cosas sostenibles —rentables—, y además buenas, esas sí que escasean (The New Yorker sería el contraejemplo).

Si el periodismo de calidad es inversamente proporcional al periodismo rentable, y las excepciones son justo eso: honrosas excepciones, ¿no convendría explorar otro modelo de financiación, uno que incluso descarte la idea de negocio y privilegie la de interés público, como sucede con la cultura o la educación, es decir, periodismo financiado o fuertemente subsidiado por el Estado, periodismo público, periódicos y radio y televisión públicos, con las ventajas de los buenos medios de comunicación estatales (calidad) en el mundo, incluido alguno nuestro, y sin el apremio de la rentabilidad, aunque con el riesgo de la falta de independencia que denuncia Moisés Naím en el reportaje sobre los canales soberanos de Venezuela, Arabia Saudita, Rusia y China?

Como punto de partida para proponer estrategias de sostenibilidad del periodismo en medio del cambio tecnológico (a las que me temo llegará con dificultad esta entrada), quiero discutir de momento la tesis fuerte de que el periodismo financiado por el Estado necesariamente pierde independencia, que se desnaturaliza porque ya no puede ser contrapoder estando dentro del poder. La reportera de El efecto Naím argumenta que los canales públicos de países antidemocráticos, por ser financiados estatalmente, hacen un periodismo de buena calidad técnica, pero no independiente. Ahora bien, ¿no tienen también las iniciativas periodísticas privadas esos “problemas de independencia”, con o sin cambio tecnológico, en buena medida porque necesitan ser rentables (de modo que los incentivos perversos son irresistibles…) y para eso a veces hacen concesiones a favor de la marca y en contra del proyecto periodístico?

Planteo tres casos que contradicen la idea de que la falta de independencia es un problema propio de los medios de comunicación públicos, a partir de los ejemplos y los criterios que El efecto Naím usa para sustentar su crítica a los canales soberanos: el periodismo patriótico, la censura —y la autocensura—, y la falta de transparencia periodística de los países con “dudosas credenciales democráticas”.

(Esperen mañana los tres casos, las tres estrategias caseras y el cierre de esta entrada que pretende salvar al periodismo mundial de su crisis económica y moral. ¿Lo salvará?).

Rentabilidad, desafío de los medios periodísticos digitales

 

El periodismo, como dice David Remnick, director del New Yorker, no va a desaparecer. Más bien pienso que está evolucionando, dando pasos lentos pero seguros hacia la digitalización, no solo de la prensa, dentro de poco de canales de televisión y radio. Cada día surgen miles de medios digitales, con contenidos unos más interesantes que otros, que al final solo buscan tener tráfico y con ello tener rentabilidad.

La rentabilidad es el reto de los medios digitales, tanto de los que emergieron de la versión impresa, como de los que surgieron meramente en la web, porque muy pocas empresarios o empresas se atreven a apostarle a la propuesta. De ahí que, muchos tengan que financiarse con negocios alternos. Para romper con eso podría pensarse que la clave pueda estar en ofrecer contenidos de calidad, ya sean artículos, reportajes o crónicas en donde haya grandes investigaciones detrás, pues como piensa David Remnick, el lector estaría dispuesto a pagar por la calidad de la información, la escritura y el periodismo, en “ser mejores de lo que éramos cuando no existía lo que conocemos como internet”. Pero, habría que “esperar y rezar por que la gente pague por ello”.

Por lo pronto, ejemplos como el de La Silla Vacía , donde a través de la campaña “Súper Amigos”, han logrado sostenerse y realizar grandes proyectos para el medio. A diferencia de otros medios digitales periodísticos, lo interesante de La Silla Vacía es que no encontramos esos inoportunos y fastidiosos anuncios publicitarios antes de poder acceder a la información que realmente nos interesa, como si podemos encontrar en cualquier medio tradicional que se volvió digital (caso revista Semana, El Tiempo, entre otros).

No es pesimismo pensar, que tanto Colombia como cualquier otro país de Latinoamérica no han caído en cuenta de la importancia de estos medios en la actualidad y por eso creo que se mostraría reticentes a pagar por cualquier contenido o información en internet, quizá por aquello de que el conocimiento es gratuito. Por lo que considero que el punto intermedio de ambos ejemplos es que existan clubes de lectores que paguen por los contenidos de calidad, a modo de suscripción, para lo cual se debe crear una mayor conciencia en los consumidores de este tipo de información.

Periodismo Digital

En primer lugar, para que los medios de comunicación tengan sostenibilidad en este cambio tecnológico que se ha dado en los últimos años, es importante que el contenido que ofrezcan estos medios sea de buena calidad, pues como Remnick la gente si está dispuesta a pagar por contenido periodístico. Esta calidad se debe ver reflejada en la profundidad en la investigación y, además, como se menciona en el informe del NYT, que la información sea distintiva y no perecedera, es decir, que no sea información reposada. Asimismo, la calidad se ve reflejada en la forma como esté escrita la información dada, pues es importante que el lector se sienta cómodo leyendo ya sea desde un portátil, una tableta o un celular.

De igual forma, es importante que los medios que le están apuntando a este cambio tecnológico, tengan en cuenta que no solo el medio cambia, sino que sus periodistas también deben adaptarse a este cambio aprendiendo a usar los nuevos dispositivos tecnológicos que existen hoy en día y, muy importante, que sepan usan las redes sociales. Esto les permitirá estar en constante comunicación con el lector, lo cual es algo vital para la sostenibilidad de un medio digital.p

Apuesta a lo Hiperlocal

Considero que uno de los retos de los medios hoy en día, es acercarse al ciudadano. Muchas personas se quejan porque no reciben feedback cuando participan en foros que los mismos medios proponen o dejan comentarios en los artículos o noticias que publican.

El Periodismo Hiperlocal, se enfoca en un nicho especializado que esté interesado en recibir información sobre lo que pasa en un espacio geográfico específico, como por ejemplo, un barrio, un pueblo, un municipio, una localidad, etc. y usan como fuente y producción de información a esas audiencias o comunidades para que hagan parte de los contenidos.

Un ejemplo de ello en Colombia es lo que trata de hacer en algunas ocasiones el canal de televisión CityTv, cuando se sumerge en las necesidades de los barrios de Bogotá y se involucra directamente con los ciudadanos y vecinos de a pie que buscan denunciar situaciones de movilidad, seguridad, salud, entre otros. Sien embargo, la mayoría de veces solo se queda en la denuncia pero no en el seguimiento de los hechos.Captura de pantalla 2014-08-27 a la(s) 22.06.53

En Estados Unidos existe SpotCrime, un portal que muestra por medio de un mapa público la tasa de criminalidad que se vive en cada una de las esquinas de un barrio o una ubicación geográfica específica, categorizándola por arrestos, robos, tiroteos, ladrones, vandalismo etc.

Creo que a este tipo de periodismo es al que se debería aportarle hoy en día.

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Entre el Impreso y lo Digital

Hay un medio en Colombia que nos podría dar una idea del cambio entre el papel a lo digital, que pudo hacer una transición exitosa al punto que digitalmente se convirtió en potencia nacional sin abandonar la fuerza local que posee con el impreso: ELTIEMPO.

eltiempo

Los modelos de negocio actuales para los medios aún no están definidos, se piensa que la imprenta, la suscripción y las pautas publicitarías son el ingreso básico para los medios escritos.  Los cambios tecnológicos demandan nuevos planes para el sostenimiento económico de los medios y en esto la casa editorial ELTIEMPO ha sido pionera en Colombia.

El modelo exitoso, no solo radica en darle importancia y exclusividad a cada producto en particular, sea impreso o digital, los contenidos no suelen ser repetitivos y poseen un análisis en niveles diferentes. También implica una alta inversión en que los contenidos digitales sean atractivos para la audiencia, de la misma forma se creó una nueva división enfocada exclusivamente en la generación de contenido digital y la difusión, por medio de rede sociales, de estos.

A Snow Fall builder: la transformación narrativa en el entorno digital es importante para el negocio

Licencia Creative Commons

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Expertos, periodistas y estudios citados en clase y en el blog coinciden en que la rentabilidad de los medios va de la mano con la calidad del contenido periodístico publicado: si este es bueno, más personas querrán pagar o suscribirse por información exclusiva, la publicidad será más cara, etc. 

Sin embargo, el entorno digital ha transformado lo que significa producir periodismo de calidad. No está de más aclarar que sus aspectos fundamentales están intactos, como opina Daniel Remnick y, con toda seguridad, cualquier periodista bien formado: este respeta los principios éticos, está construido a partir de investigaciones profundas, de datos y fuentes diversas, la información ha sido verificada y es presentada a través de una narración que atrapa al lector. Continue reading